El VAR que nubla la vista

Comencemos por lo obvio: Estrada Fernández y el VAR perjudicaron de manera grave y ostensible al Atlético de Madrid en el derbi del pasado sábado ante el Real Madrid. Pitaron penalti por un derribo de Giménez a Vinicius que ocurrió fuera del área, anularon un gol legal a Morata y obviaron un penalti por derribo de Casemiro al propio delantero madrileño. Es cierto que el gol de Griezmann debió ser invalidado por una falta previa de Correa sobre Vinicius, pero aún así, el Atleti recibió el triple de perjuicios que su rival en el transcurso de la contienda.


No seré yo quien ponga en tela de juicio el VAR, su aplicación y el nivel del arbitraje español, ni tampoco tengo interés alguno en generar teorías conspiranoicas. Para eso, ya está repleto Twitter de auténticos expertos en la materia.

Partiendo de esa base, de que el Atlético fue perjudicado claramente en el derbi madrileño y de que el club rojiblanco está en todo su derecho de protestar (es preciso recordar que ya acumula dos partidos seguidos siendo agraviado por las decisiones o indecisiones del VAR), considero un error mayúsculo justificar la derrota en los errores arbitrales, tal y como está haciendo grave parte de los aficionados colchoneros en las redes sociales desde que finalizó el encuentro.

La derrota del equipo de Simeone no fue fruto de un “robo escandaloso”, tal y como se ha tildado en las redes sociales, y así lo reconoció el propio técnico argentino en rueda de prensa. Más allá del VAR, el Atlético cuajó un pésimo encuentro y dio muchas facilidades a un Real Madrid que, sin hacer nada del otro jueves, se llevó los tres puntos. Que el VAR perjudicó a los colchoneros, es obvio. Pero no fue determinante en absoluto en el resultado final.

Los de Simeone estuvieron irreconocibles, desde el propio Cholo, que falló en el planteamiento y en las sustituciones, hasta el último de los futbolistas.

En defensa, el equipo se sigue mostrando muy vulnerable, el centro del campo no aparece en escena y cuando lo hace las imprecisiones son la tónica predominante, y arriba se generan muy pocas ocasiones de gol.

Thomas, que es un futbolista descomunal en labores ofensivas, muestra muchísimas carencias en el trabajo defensivo; Correa parece el sempiterno jugador que rinde más como revulsivo en las segundas partes que saliendo de inicio; y Lemar sigue sin explotar. Correr, corre, pero como un pollo sin cabeza y su aportación ofensiva es prácticamente inapreciable. Todo depende de lo que quiera Griezmann, al que muchos pusieron como un trapo tras su renovación y los 23 ‘kilos’ anuales que se embolsa, pero hasta la fecha es el único que se está ganando el sueldo.

Pero lo más preocupante es la falta de control de los partidos. Hasta la temporada pasada incluida, los encuentros discurrían por la senda que más le interesaba al Atleti; esta temporada ocurre lo contrario. La ausencia de Gabi se está notando más de la cuenta y se echa en falta a un jugador que sepa leer los partidos y saque las castañas del fuego cuando las cosas se complican.

Es lícito que el Atlético se queje del arbitraje, por la vía que estime oportuna, cuando se sienta agraviado. Tan lícito como cuando otros equipos, con muchos menos motivos, ejercen ese derecho. Pero es mucho más práctico, útil y edificante evaluar lo deportivo y hacer autocrítica en busca de una mejoría necesaria en el momento clave de la temporada y cuando aún hay tiempo para hacer cosas importantes.

Fundamentalmente porque el arbitraje y el VAR dependen de terceros, y en el Atlético ya deberían estar acostumbrados a que, en esta materia, y más cuando el vecino está por el medio, en caso de duda siempre se mira para otro lado.

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