La gran farsa sobre el estilo

Estilo. No, no te has equivocado. Hablamos de fútbol, no de moda. Pero estilo, o estilos, en plural, es la palabra de moda en el mundo futbolero. ¿Es válido y respetable todo estilo en el fútbol o solo sirve uno, ese del que se hace propaganda de manera sistemática desde los medios de comunicación? ¿Es lícito ganar sin jugar bonito, jugando bien –que no bonito- o jugando mal? ¿Está justificado faltar al respeto a todo equipo que, sin tener la posesión, sin dominar los partidos a través del balón, consiga ganar y alcance sus objetivos a final de temporada?

Vivimos en un momento en la sociedad en España, en general, no solo en lo referente al fútbol, en que parece que la diversidad de criterios u opiniones está penalizada. Que solo sirve una unidad de pensamiento, que lo válido es una manera de pensar, una creencia, y que el resto es deplorable y merece ser vilipendiado. En definitiva, un movimiento reduccionista, que en el fútbol se traduce en que la única forma respetable de ganar sea teniendo la posesión y jugando al ataque. Incluso se defiende dicho estilo de juego aunque los resultados a largo plazo dentro de una temporada sean negativos, despreciando otras formas de juego aunque su rendimiento haya demostrado ser muy superior.

Eso es precisamente lo que ocurre desde hace años con el Atleti de Simeone. Existe una teoría, convertida en especie de religión, de que los rojiblancos, desde la llegada del Cholo, son un conjunto reservón, ultradefensivo, antideportivo, que practica el denominado “antifútbol”, que aburre a las ovejas y que nadie, en su sano juicio, ve los partidos del equipo colchonero porque son insoportables.

Una teoría que, para empezar, se fundamenta en falsedades, y propugnada desde la prensa deportiva afín al Real Madrid y al Barcelona para tratar de afear la competitividad mostrada por los de Simeone desde la llegada del argentino. Porque, claro, para ese sector periodístico era mucho más lícito jugar al ataque, como en las épocas de Ferrando o Manzano, y que merengues y culés pasaran por encima del Atlético con goleadas escandalosas.

La realidad, y el gran mérito del Atlético desde la llegada de Simeone, es que se ha convertido en un equipo molesto, porque compite por todos los títulos, algo que hasta hace siete años era impensable. Tiene orgullo, carácter, nadie le pasa por encima, vende muy caras sus derrotas y se ha ganado el respeto de sus rivales más directos.

Así lo pudimos comprobar el pasado sábado en el duelo ante el Barcelona. El equipo de Valverde planteó el encuentro con muchas más precauciones de lo habitual con el propósito de evitar que el Atlético montara algún contragolpe. Los rojiblancos jugaron como siempre ante el Barça, aunque para algunos fuera noticia: cedieron el balón a los blaugrana, defendieron muy juntos, neutralizando completamente el juego ofensivo de los culés, y aprovecharon su única opción para adelantarse en el marcador. La estrategia a punto estuvo de salirle perfecto al equipo del Cholo, de no ser por el único desajuste defensivo que costó el tanto del empate en el minuto 89.

Fue un partido muy parejo, muy táctico, poco vistoso, sí, pero fue un partido de fútbol, no algo intolerable como se trata de vender desde la propaganda merengue y blaugrana, culpabilizando de ello al Atlético, como si el Barça hubiera sido una víctima y no un actor en la contienda. Y la manipulación desde los medios de comunicación, algo a lo que lamentablemente estamos cada vez más habituados, sí que es algo intolerable. Tan intolerable que está haciendo efecto en parte de la afición colchonera que cada semana se da cita en el Metropolitano.

Es algo que compruebo desde mi localidad en cada partido. Cómo las teorías propagandísticas son ratificadas por “eruditos” colchoneros, que lejos de apreciar las virtudes de Simeone y su labor al frente del Atleti, solo se centran en sus supuestos defectos.

Es evidente que el equipo rojiblanco no atraviesa por un buen momento. Solo ha cuajado un partido completo brillante, ante el Dortmund en casa, físicamente no está bien –plaga de lesiones al margen-, sus futbolistas más importantes están lejos de su mejor momento y la aportación goleadora de sus delanteros titulares es ínfima. Todo eso es incuestionable. Pero también lo es que con todos estos condicionantes, el Atlético está a un punto del liderato y a un pasito de los octavos de final en la Champions. Y con un margen de mejora enorme por delante.

¿Vaso medio lleno o medio vacío? Para mí, medio lleno. ¿Ganar o jugar bonito? En mi opinión, ganar, porque desde la tranquilidad y la confianza que aportan las victorias es mucho más fácil mejorar. Mal que les pese a todos aquellos que defienden esa farsa malintencionada sobre los estilos en el fútbol.

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