Crónica de una muerte anunciada

Era un secreto a voces. El Atlético de Madrid ha quedado eliminado de la Copa del Rey. La sorpresa en el Camp Nou no se consumó, y pese a que el conjunto rojiblanco mejoró su imagen respecto a los tres compromisos anteriores –era tarea sencilla-, no le bastó, ni siquiera, para arrancar un buen resultado de la Ciudad Condal, donde cayó por 2-1, dando continuidad al paupérrimo inicio de 2009, con cuatro derrotas consecutivas.

Lo cierto es que los rojiblancos tuvieron opciones de meterse en la eliminatoria, sobre todo en el primer periodo. Eso sí, más por errores de la zaga blaugrana que por un juego sólido. Ni con trivote –Aguirre sigue dando palos de ciego- el Atlético funciona ni soluciona los gravísimos y ya crónicos problemas defensivos. Con Agüero como islote en ataque y con la única compañía ‘válida’ de Simao, los rojiblancos no encontraron el rumbo en los minutos iniciales, en los que se obcecaron en buscar las oportunidades con pelotazos en largo carentes de efectividad y de sentido.

El panorama cambió cuando, a los 23 minutos, Sinama hizo gala de su apellido –ya era hora- y remató con la testa un buen envío de falta de Simao. El partido parecía tener otro cariz, y los incrédulos y pesimistas como quien suscribe estas líneas comenzábamos a pensar que la campanada era factible, aunque fuera más por empuje que por fútbol.

Pero el circo estable que el Atleti tiene montado en su defensa volvió a llevar a cabo su escandalosa actuación, con Pernía –el jugador más calamitoso que he visto en toda mi vida, es un cero a la izquierda- y Perea como estrellas de la función. Ya avisaron en los primeros minutos en una nueva falta lateral que Coupet salvó con una extraordinaria intervención, pero un rato después no fallaron. Ambos marcaron con la mirada a Bojan y le dejaron un hueco descomunal en el centro del área que el internacional español no desaprovechó.

Con el 1-1, el Atlético siguió intentándolo, pero sin fortuna y, lo que es más grave, sin fe. El planteamiento de Aguirre –trivote y un solo punta, y Forlán en Madrid- fue la guillotina de los colchoneros, cuyas acciones ofensivas se limitaban a jugadas individuales de Agüero y Simao, absolutamente desesperados e impotentes ante la situación, porque se veían obligados a conducir el esférico durante muchos metros para poder acercarse al área del Barcelona.

La lesión muscular del Kun terminó por finiquitar las remotísimas opciones del Atleti, y el tanto de Gudjhonsen tan sólo fue la confirmación de una muerte anunciada. Los rojiblancos siguen a la deriva, con jugadores sin nivel para vestir esta camiseta histórica –Coupet, Pernía, Perea, Luis García y Sinama, de los que jugaron en Barcelona- y un técnico que sigue construyendo bajo tierra en lugar de hacerlo en superficie.

Incluso con 1-3 en la ida y la eliminatoria cuesta arriba, el Atlético tenía que haber salido con todo en el Camp Nou. La táctica de esta noche, la de jugar al contragolpe, no sirve para las remontadas. Pero Aguirre no se entera. El entrenador mejicano ha vuelto a demostrar que ni tiene recursos ni nivel para dirigir a la escuadra colchonera.

A todo esto, y ya para terminar, conmino al ínclito Enrique Cerezo a que salga ahora a la palestra para vanagloriarse de que el Atleti está vivo en dos competiciones, como lo hizo hasta hace unos días con las tres. Que lo haga rápido, que al paso que vamos y con el mariachi en el banquillo, no tendremos opciones a nada en el mes de marzo.

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Un comentario sobre «Crónica de una muerte anunciada»

  1. Hola Borja,De acuerdo contigo. Solo un matiz en mi opinión. El Atlético tenía que haber ido con todo o con nada. O pelea la eliminatoria y pone a todos (Forlan?) o la tira y da descanso a los buenos pero ese «a medias» de Aguirre me pone malo.

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